Por: Héctor Benítez T. / Smart-Money by CAPEM

Casi todas las PyME’s tienen la misma historia de arranque: nacieron por una habilidad o por una oportunidad. Posiblemente el dueño tenía una habilidad para vender autos, o para construir con madera, o de cocinar muy bien. Tal vez hubo la oportunidad de concursar en una licitación y ganaron. En fin. Lo cierto es que  de repente ya tenian un negocio exitoso.

El éxito pasado estorba al éxito futuro.

Junto con las ventas abundantes y el flujo de efectivo, viene también los problemas de administración, de pago de impuestos, seguridad social, contratación, etc.

Administrar el éxito nos absorbe todo el tiempo. Nos damos cuenta que no tenemos ya tiempo para nuevos negocios, nuevos productos. De repente, realizamos que, cuando pusimos el negocio, buscábamos independizarnos. Y nos econtramos que lo que hicimos fue crearnos un nuevo empleo, está vez, más esclavizante y cruel.

Todo seguirá igual hasta que “nos caiga el veinte” que saber hacer algo no nos hace empresarios. Cuando lo vemos, tenemos dos opciones: hacernos más chicos y manejables, o buscar desarrollar habilidades empresariales.

De negocio a empresa.

Un negocio es una actividad comercial que depende de su dueño para triunfar o para subsistir. Por otro lado, una empresa es una organización que funciona bien con ellos (sus dueños), sin ellos… ¡o, a pesar de ellos!

Te conviertes en empresario cuando piensas no solo en el dia a día, en la cobranza, en las ventas, sino en contratar la mejor gente, en desarrollar procesos maestros, en diseñar estrategias efectivas, etc. En otras palabras, cuando dedicas tiempo de calidad en construir la empresa y no solo en vender y cobrar.

Pasos a seguir.

Lo primero que hay que hacer en este camino de transformación de negocio a empresa es diseñar un Encuadre Maestro: los no-negociables de la empresa.

La empresa debe entender que se debe a la solución de un problema del mercado y no a la mera promoción de un producto. Este es, tal vez, uno de los pasos más importantes del éxito.

Kodak perdió fuerza cuando insistió en creer que su misión era hacer rollos y cámaras fotográficas más sofisticadas, y no en entender que estaban en el negocio de los recuerdos.

Aparte de la misión, el empresario debe formular una visión: un cuadro del futuro que produce pasión. Es fijar un destino que influya en nuestras decisiones del día a día.

Junto con ello, debe determinar cuales son los valores -las conductas- que generarán la cultura que desean para su empresa.

Los tres procesos claves.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que una empresa vale tanto como la calidad de sus procesos y la eficiencia con la que los ejecutan.

Existen tres procesos maestros en toda empresa: el proceso comercial (la capacidad de crear y servir a los clientes); el proceso operativo (como creamos el producto u ofrecemos el servicio con calidad), y el proceso administrativo (como optimizamos los recursos). Tu trabajo como empresario es diseñar estos procesos, determinar su resultado óptimo y el perfil ideal de los colaboradores encargados de tales procesos. Sabes que eres empresario si estás dispuesto a contratar la gente adecuada, pagarle bien y ofrecerle las prestaciones adecuadas, para asegurar su compromiso y permanencia.

El gran diferenciador.

Posiblemente la actividad más importante para provocar la transformación es el desarrollo de liderazgo en todos los niveles de la empresa. Empieza porque el director sea líder y no jefe. Debe buscar que sus mandos intermedios sepan como generar compromiso, pasión y creatividad en sus colaboradores, para que estos trabajen con excelencia y así produzcan resultados extraordinarios y sostenidos.

Otra tarea importante es construir y mantener una ventaja competitiva que permita tener y retener una posición poderosa en el mercado.

 

Tener una empresa no es algo natural. Se requiere tomar una decisión. Implica tener la humildad para aprender y no solo la pasión de emprender. ¿Estás listo para ello?

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